“El problema es que crees que tienes tiempo.” – Buda
En un determinado momento de la vida, nos damos cuenta. Nuestro tiempo no es infinito.
Y, como dijo Emerson, lo que realmente importa no es el tiempo transcurrido, sino la intensidad con que se vive. En la era de la información que vivimos, demasiado a menudo descuidamos nuestra vida personal y los elementos humanos, y podemos desperdiciar nuestro bien más preciado en las distracciones del desarrollo digital y las incertidumbres de nuestra era.
Mientras muchos de nosotros prosperamos, con justicia, en la vida profesional – de vez en cuando incluso generando fortuitamente acontecimientos e invenciones que cambian el mundo –, ¡también debemos disfrutar la vida y lo que nos maravilla de este mundo!
De hecho, ¿qué sería la vida sin la capacidad de compartir esos momentos especiales con las personas queridas?
Parece cosa del destino haber acabado en esta profesión, porque se ha transformado en un lugar en el que puedo motivar a los miembros de mi equipo para que aporten un valor añadido a la vida de los demás. Se ha convertido en un catalizador para contribuir a cambiar un poco el mundo, porque creemos en la filosofía de Ivy que me gusta denominar “amor de goteo”. Las personas felices y, concretamente, las personas influyentes felices fomentan más positividad e incluso, como demuestran las investigaciones, más productividad.
El matchmaking es un concepto desconocido para muchos, poco claro para la mayoría y sinsentido para algunos. Sin embargo, en una sociedad cada vez menos social, se está convirtiendo en un servicio buscado en cualquiera de las formas que se presente. En algunas culturas, es una profesión con mucho reconocimiento y respeto que ha existido durante siglos, aunque hoy en día todavía deben romperse algunos tabúes.
Mi equipo y yo tenemos el privilegio de llegar a conocer profundamente a muchas personas fascinantes y hermosas. Estamos agradecidos de que se nos confíe ampliar el horizonte de las vidas privadas de tantos miembros.
“A mis padres les debo la vida, pero a mi mentor le debo poder vivir bien.” – Alejandro Magno