Por una cuota inicial de 10.000 euros al cliente se le garantizan ocho encuentros en un año con personas geográficamente próximas a él. Así se las gastan las casamenteras en este siglo. No trotan de convento en convento, no echan mano de ningún ungüento o pócima extraña, ni siquiera tienen que mediar entre amores tragicómicos. Inga Verbeeck es la fundadora y presidenta de Ivy International, una agencia de encuentros para encontrar pareja, y depositaria de un viejo negocio que tiene como finalidad cubrir una de las necesidades más básicas del ser humano: el amor.

Si el cliente lo desea, renueva un año más por 5.000 euros. Puede también escoger la modalidad ‘Executive’ -10.000 euros de inscripción y 15.000 de cuota anual- y, además de conocer a dos candidatos más, se amplía la búsqueda al resto del mundo. Ivy tiene sucursales en las principales ciudades del mundo, como Los Ángeles, París o Milán. En España, está presente en Madrid, Barcelona y Marbella. Los más exigentes, sobre todo personas célebres, optan por la llamada cuota ‘Premium’: 50.000 euros. Aquí se pone en marcha un equipo de asesores de imagen, psicólogos y expertos en sexología que ayudan a afinar mucho más este proceso hasta dar con esa persona idónea deseada.

La imagen de Verbeeck nada tiene que ver con las viejas alcahuetas de la literatura medieval. Joven, rubia, esbelta, discreta y exquisitamente preparada para desenvolverse en el mundo de los negocios y del glamour. Dejó la empresa familiar dedicada al acero para entregarse a estos menesteres. Lo hace desde el punto de mira de una ‘head hunter’ (caza talentos) que busca un candidato ideal para ocupar la vacante que hay, no en una empresa, sino en el corazón de ese individuo que recurre a sus servicios. Ella misma se presenta como ‘matchmacker’, que viene a ser lo mismo que casamentera pero con un barniz más acorde con el perfil de sus clientes, profesionales de éxito en la mayoría de los casos.

Verbeeck nos explica que las tres señas de identidad de estos hombres y mujeres son al mismo tiempo la razón que les lleva hasta ella: “Todos han conseguido grandes logros en su vida profesional y social. Pero para llegar ahí han tenido que sacrificar mucho y dejar de lado su vida privada. Por otra parte, son personas muy ocupadas que valoran mucho su tiempo y difícilmente podrían encontrar a alguien que encajase en su ajetreada vida. Les caracteriza, por último, su nivel de exigencia. Con ellos mismos y con esa persona que debería encajar del mismo modo con ellos que con su entorno familiar, laboral y social”.

El proceso de selección empieza con una primera ronda de entrevistas para perfilar con detalle las características, expectativas y necesidades del cliente. En la segunda fase ya se iniciaría la búsqueda de compatibilidades en cuanto a exigencias, gustos y apetencias. Caprichos, por cierto, que casi siempre tienen el cariz de delicatesen: navegación, subastas de arte, desfiles de moda o inauguraciones donde coincidirán con lo más granado de la sociedad. Tanto su identidad como la de los pretendientes se protegen con celo hasta que las dos partes dan el consentimiento expreso para desvelar algún dato o intercambiar una foto.

Cuando aceptan conocerse, se les facilita una vía de contacto segura. Son casi siempre personas influyentes y conocidas, que bajo ningún concepto se pueden permitir una filtración a la prensa o nada por el estilo. Normalmente, las citas transcurren en lugares insólitos. Por ejemplo, en un restaurante exclusivo y accesible solo por helicóptero.

Pero en este momento decisivo lo que más puede deslumbrar es la química si fluye entre los dos. “Con los años -explica Verbeeck-, enamorarse se vuelve más complejo y a la vez más claro. Somos más selectivos, pero al mismo tiempo ya hemos aprendido lo que funciona para nosotros y lo que no. Con 18 años, el amor se define básicamente por la atracción, la emoción y por cómo nos hace sentir la otra persona. Con el paso de los años, aprendemos que una relación duradera tiene muchas más facetas que la simple atracción”.

¿Algún hechizo o brebaje para que el amor funcione? Sí, el conjuro contra indeseables y caza fortunas. En Ivy lo hacen, como han hecho las casamenteras toda la vida, con buen olfato y con un exclusivo filtro basado en el cotejo de los datos que aportan las personas cuando se inscriben. Como indica Verbeeck, puede que el amor surja o no, que sea temporal o eterno, pero si hay algo que no se pueden permitir es que el cliente sufra mentiras, desengaños y pérdida de tiempo.

Por eso, la primera advertencia a quien se asoma por aquí es que no hay un catálogo de millonarios que buscan modelos. Ni viceversa. Al contrario que en otras agencias y páginas web, aquí pagan todos. Hombre y mujeres. Y, de hecho, hay un ligero predominio de mujeres. Un 53% frente a un 47% de hombres. La mayoría son solteras, mientras que entre los hombres predominan los divorciados. La franja de edad más concurrida es de 30 a 50 años, aunque hay clientes hasta de 76 años y alguno de 23. Para unos y otros, sin que importe la edad o el sexo, Ivy , que significa hiedra en inglés, se ha inspirado en esta planta, símbolo de la unión duradera, cuya hoja tiene la forma del corazón.

MARIAN BENITO

As featured in: http://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2016/03/30/56faba42e2704e842d8b45c9.html

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